OpenAI: de laboratorio “abierto” a protagonista de la IA generativa

Cuando hoy pensamos en OpenAI, pensamos en ChatGPT, GPT‑4 o en la API que usan mil herramientas. Pero OpenAI nació en 2015 con una ambición distinta: investigar inteligencia artificial avanzada de forma segura y, en teoría, abierta, para que los beneficios no quedaran sólo en manos de unas pocas grandes tecnológicas.

Detrás del proyecto se juntó un grupo de perfiles muy conocidos en tecnología e IA:

  • Sam Altman, entonces presidente de Y Combinator, que acabaría siendo la cara visible y CEO.
  • Elon Musk, que aportó financiación inicial y estuvo en el consejo durante los primeros años.
  • Greg Brockman, ex‑CTO de Stripe, que tomó el rol de CTO.
  • Ilya Sutskever, uno de los investigadores más influyentes en deep learning, como Chief Scientist.
  • Y otros nombres clave del mundo del aprendizaje profundo como Wojciech Zaremba, John Schulman o Andrej Karpathy.

La idea original era crear un “laboratorio de IA” sin ánimo de lucro, con mucha investigación abierta, código compartido y un foco claro en la seguridad a largo plazo.


Cambio de etapa: modelos gigantes, mucho cómputo y alianza con Microsoft

Con el tiempo quedó claro que, para entrenar modelos cada vez más grandes, hacía falta algo más que buenas intenciones: hacía falta muchísimo dinero y capacidad de cómputo.

Ese fue el contexto de dos cambios importantes:

  • OpenAI empezó a centrarse en modelos fundacionales cada vez más grandes: GPT, GPT‑2, GPT‑3… demostrando que, al escalar tamaño y datos, las capacidades de los modelos de lenguaje se disparaban.
  • En 2019 crearon una estructura híbrida: una entidad “capped‑profit” (con beneficio limitado) controlada por la fundación original. Eso les permitió recibir inversión fuerte (sobre todo de Microsoft) para pagar el coste de entrenar estos modelos.

A partir de ahí, Microsoft se convirtió en socio estratégico: aporta la infraestructura en Azure y, a cambio, integra los modelos de OpenAI en sus productos (Bing, Microsoft 365 Copilot, GitHub Copilot, etc.).


Hitos clave: GPT, DALL·E, Codex y ChatGPT

En esa evolución hay varios momentos que marcan la historia reciente de la IA:

  • GPT‑2 y GPT‑3
    • GPT‑2 ya llamó la atención por cómo generaba texto coherente; OpenAI incluso retrasó la publicación del modelo completo por preocupación por usos indebidos.
    • GPT‑3 consolidó la idea de un modelo de lenguaje generalista al que se le pueden pedir traducciones, resúmenes, código, etc., sin entrenar un modelo distinto para cada tarea.
  • DALL·E y DALL·E 2
    • Mostraron que el mismo enfoque se podía llevar a la generación de imágenes a partir de texto, abriendo la puerta a la ola de modelos “text‑to‑image”.
  • Codex y GitHub Copilot
    • Codex fue una versión de los modelos de OpenAI centrada en código. GitHub Copilot, construido encima, cambió el día a día de muchos desarrolladores al ofrecer autocompletado inteligente dentro del editor.
  • ChatGPT (finales de 2022)
    • El lanzamiento de ChatGPT fue el gran punto de inflexión. Tomaron un modelo de la familia GPT‑3.5, lo ajustaron con feedback humano y lo presentaron en un formato chat sencillo de usar.
    • De repente, millones de personas pudieron “hablar” con un modelo de lenguaje potente desde el navegador, y la IA generativa pasó de ser algo de nicho a tema de conversación general.

Desde entonces, OpenAI ha seguido iterando con GPT‑4, GPT‑4o y modelos de razonamiento como la familia o3, integrando también capacidades de visión, voz, navegación web y análisis de documentos dentro de ChatGPT y de su API.


De “laboratorio abierto” a proveedor central de la industria

Todo este recorrido ha hecho que OpenAI pase de verse como un laboratorio de investigación “idealista” a convertirse en uno de los proveedores comerciales de IA más influyentes:

  • Sus modelos están detrás de productos como ChatGPTMicrosoft Copilot o GitHub Copilot.
  • Muchas startups y herramientas que usamos a diario consumen la API de OpenAI por debajo, aunque el usuario final nunca vea la marca.
  • A la vez, la organización ha ido levantando debate sobre transparencia, seguridad y gobernanza: hasta qué punto sigue siendo “open”, cómo equilibra negocio y seguridad, y qué lugar ocupa en el ecosistema junto a Google, Meta, Anthropic, xAI, DeepSeek, etc.

Entender esta historia ayuda a situar bien las piezas: OpenAI es la empresa, ChatGPT es uno de sus productos estrella, y encima de sus modelos se construyen capas como Copilot, asistentes en navegadores, integraciones en SaaS, agentes, etc.